Por Arturo Gutiérrez
CDMX, 07 enero 2026.— Morena volvió a recurrir a su manual favorito: negar, victimizar y culpar al pasado. Esta vez, para justificar declaraciones de Adriana Marín, una colaboradora de su área de Comunicación Social que, lejos de enriquecer el debate, detonaron burlas, críticas y cuestionamientos sobre el nivel político de quienes representan al movimiento en espacios públicos.
La novata morenista se atrevió a decir en un programa de debate que el ‘narco’ es el principal empleador a nivel nacional, lo que causó la sorpresa de los ahí presentes.
El partido aclaró que las declaraciones fueron personales y no reflejan la postura del grupo parlamentario. No obstante, el problema no fue solo quién habló, sino qué se dijo y desde dónde. Porque cuando alguien cercano a la comunicación oficial muestra desconocimiento sobre temas sensibles como el narcotráfico, el ridículo no es individual: es institucional.
Morena denunció ataques y amenazas —hechos condenables en cualquier contexto—, pero utilizó esa narrativa para desviar la discusión de fondo: ¿por qué una colaboradora sin claridad conceptual participa en debates públicos representando, aunque se niegue, al partido gobernante?
El intento de cerrar filas terminó siendo una maroma discursiva que mezcló victimización, nostalgia anti-PRIAN y consignas ideológicas, sin responder la pregunta clave: ¿quién capacita a su equipo y con qué criterios?











