Por Arturo Gutiérrez
Ciudad de México, 12 de noviembre de 2025. — Los automóviles particulares, símbolo del privilegio urbano, siguen imponiéndose sobre el transporte público y la movilidad peatonal en la Ciudad de México. Así lo reconoció el propio secretario de Movilidad, Héctor Ulises García Nieto, al revelar que los autos privados utilizan el 80 por ciento del espacio público, mientras que el transporte colectivo —que mueve al 80 por ciento de la población— apenas dispone del 20 por ciento restante.
La cifra, más allá de un dato técnico, expone el desequilibrio estructural del modelo de ciudad: calles saturadas, banquetas reducidas, ciclovías fragmentadas y transporte colectivo que opera al límite de su capacidad.
Pese a la narrativa oficial sobre la “movilidad sustentable”, la capital continúa privilegiando la infraestructura vial para automóviles: megaproyectos carreteros, segundos pisos y puentes vehiculares contrastan con la lentitud de los avances en transporte eléctrico, ciclovías seguras o corredores exclusivos para trolebuses.
En su comparecencia, García Nieto aseguró que el gobierno “trabaja con una nueva arquitectura institucional” y que la estrategia de seguridad vial 2026–2030 busca proteger a peatones y estudiantes mediante cruces seguros. Sin embargo, legisladores opositores cuestionaron que estas acciones son insuficientes frente a la magnitud del problema.
El diputado Federico Chávez Semerena (PAN) advirtió que “mientras no se reordene el uso del espacio público, hablar de movilidad sustentable es una promesa vacía”. Por su parte, representantes del PVEM y MC insistieron en que la redistribución del espacio urbano debe ser una prioridad real, no solo discursiva.
La movilidad, planteada como derecho, enfrenta así su contradicción más visible: una ciudad pensada para los autos no puede ser una ciudad justa.















