Por Arturo Gutiérrez
Ciudad de México, 24 de noviembre de 2025.- Con un discurso cargado de autoelogios, la alcaldesa Lourdes Paz Reyes intentó demostrar orden administrativo y resultados sólidos, pero lo que terminó mostrando fue una dependencia creciente del financiamiento público para tareas que, pese al gasto ejercido, siguen sin ser resueltas. Su petición de incrementar el presupuesto 2026 a 2,848 millones de pesos refleja una administración que no logró rendir frutos proporcionales al gasto ejecutado este año.
Aunque la funcionaria aseguró haber atendido más de 34 mil 500 solicitudes ciudadanas, también quedó claro que buena parte de las intervenciones fueron reactivas y no preventivas: inundaciones, luminarias dañadas, baches y drenaje colapsado continúan como demandas permanentes de la población. Peor aún, en protección civil se reportaron 72 siniestros por inundación, lo que evidencia una infraestructura deficiente que no ha sido corregida pese a las inversiones señaladas.
En obra pública se anunciaron 347.97 millones de pesos ejercidos, pero los propios requerimientos expuestos por la alcaldesa confirman que las mejoras no alcanzaron para revertir la degradación urbana. Prueba de ello es que solicita 35 millones más para banquetas y 15 millones para drenaje, lo que deja abierta la pregunta sobre la eficiencia del gasto actual y la capacidad de planeación de su equipo.
Incluso en política social, donde la administración presume programas como Salud para el Pueblo, Mujeres por la Paz o los apoyos para personas con discapacidad, la mandataria dejó ver que dichos proyectos requieren ampliaciones y ajustes presupuestales constantes. El reconocimiento de que se necesitan mayores recursos para sostenerlos demuestra que no hubo previsión suficiente y que el diseño original fue rebasado por la realidad.
La alcaldesa insistió en que Iztacalco tiene prioridades claras, pero el Congreso y la ciudadanía escucharon otra cosa: un gobierno que llega a su primer año pidiendo más dinero para atender lo que ya prometió resolver. Su discurso político, orientado a mostrar orden y eficiencia, terminó opacado por la evidente necesidad de recursos para cubrir tareas mínimas en infraestructura y servicios públicos.











