Por Arturo Gutiérrez
CDMX, 24 noviembre 2025.- Janecarlo Lozano llegó a su comparecencia con un recurso poco convencional: un video para “romper el esquema tradicional”. Más que un ejercicio de transparencia, el gesto pareció un intento de maquillar con producción audiovisual las carencias de un informe que apostó por la espectacularidad antes que por la profundidad. El alcalde presentó la GAM como un ejemplo nacional en obras, políticas públicas y administración del gasto, aunque sin acompañar sus afirmaciones de evaluaciones, auditorías o mediciones verificables.
El punto más insistente de su exposición fue el Centro de Inteligencia, al que describió como “el más grande y moderno” de todas las alcaldías y el “segundo más grande del país”. Anunció 4,500 cámaras, 1,500 tótems, botones de emergencia, lectores de placas, inteligencia artificial y altavoces. Un arsenal tecnológico que suena más a un catálogo futurista que a una estrategia con criterios claros de efectividad.
Lozano prometió que para 2026 la GAM será “la alcaldía más videovigilada del país”, una frase que encendió alarmas entre quienes consideran que la vigilancia desmedida no sustituye a la prevención, la inteligencia operativa ni la cercanía policial. A pesar de la magnitud del proyecto, el alcalde no dedicó un solo minuto a explicar costos, procesos de mantenimiento, criterios de instalación o mecanismos de evaluación. Mucho fanfarroneo, poca claridad.
El despliegue tecnológico, presentado como una proeza, dejó sin respuesta las preguntas fundamentales: ¿quién evaluará su eficiencia? ¿Qué impactos reales tendrá en delitos específicos? ¿Qué ocurre en las zonas donde ni las cámaras ni los tótems han cambiado el temor cotidiano de los vecinos?
Con su discurso, Lozano optó por la narrativa del “gran salto tecnológico” mientras eludió cualquier reconocimiento de rezagos. La videovigilancia puede impresionar, pero no sustituye la obligación de explicar, justificar y rendir cuentas con datos completos y no sólo con promesas de modernidad.











