Por Arturo Gutiérrez
CDMX, 12 noviembre 2025.- El discurso de METRÓPOLIS sobre planeación sustentable y equidad territorial pretende marcar distancia con el modelo de improvisación urbana heredado de administraciones anteriores. Pero, ¿puede la planeación por sí sola corregir décadas de desigualdad espacial, especulación del suelo y falta de coordinación metropolitana?
Durante la comparecencia ante el Congreso, legisladores de distintas fuerzas políticas coincidieron en la necesidad de construir una visión de ciudad más ordenada y democrática, aunque con matices. Israel Moreno Rivera (PVEM) habló de una “nueva etapa de gestión urbana”, mientras que Luis Alberto Chávez García (MORENA) insistió en que la planeación debe ser “socialmente justa y territorialmente diferenciada”.
Los planteamientos técnicos se insertan en un contexto donde la vivienda asequible se ha convertido en un privilegio. Según estimaciones académicas, el precio del suelo en zonas con infraestructura consolidada ha aumentado hasta un 200% en la última década. Esto ha impulsado el desplazamiento de miles de familias hacia los márgenes urbanos o incluso fuera de la capital.
Pese a ello, el titular de METRÓPOLIS defendió que los nuevos instrumentos de planeación “integran la participación ciudadana” y buscan evitar decisiones improvisadas. No obstante, la falta de información pública clara sobre los mecanismos de consulta y el seguimiento de los proyectos alimenta el escepticismo de colectivos urbanos y académicos.
“Hablar de planeación sustentable sin enfrentar los intereses del mercado inmobiliario es una contradicción. No basta con hacer diagnósticos o publicar programas; se necesita capacidad de control, de regulación y de sanción”, opinó la urbanista y catedrática Alma Vázquez, consultada por este medio.
Además, la coordinación metropolitana —una de las tareas principales de METRÓPOLIS— sigue siendo un terreno pendiente. El Valle de México concentra más de 20 millones de habitantes y una red de municipios interdependientes. Sin embargo, la gestión urbana continúa fragmentada, con políticas dispares entre la capital y el Estado de México, lo que obstaculiza la sustentabilidad regional.
En este escenario, la “planeación democrática” aparece como una promesa más que una realidad. La eficacia de METRÓPOLIS dependerá de su capacidad para pasar del discurso técnico a políticas tangibles que garanticen justicia espacial, vivienda digna y derecho al territorio.















